El don de la videncia. ¿Quienes lo tienen?

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El don de la videncia
Hace más de 30 años que me dedico profesionalmente a la videncia. Desde mi más tierna infancia he sufrido lo que podríamos llamar premoniciones, es decir, una especie de fogonazo, un torbellino de ideas que se cuelan en nuestro pensamiento de manera inesperada e incontrolada y, sin que nadie, ni siquiera nosotras mismas, podamos evitarlo.

Nunca sabes cuándo van a aparecer estas escenas y pueden ser provocadas incluso con el roce con una persona en relación a la cual comienzas a recibir visiones: de su vida, sus preocupaciones, sus deseos, sus sueños y sus miedos, e incluso de acontecimientos en los cuales se verá envuelto en el futuro.

He dicho bien: “he sufrido” y es que tener el don de la videncia no es ningún chollo. Trae muchos quebraderos de cabeza conocer datos de personas a las cuales ni conoces ni les tienes confianza, o sufrir con el dolor por el cual sabes que va a pasar un ser querido. Con el tiempo, aprendes a convivir con tu don, a orientar esa facultad que la naturaleza te otorgó, hacerte fuerte para evitar que tu corazón y tu cabeza terminen quemados en medio de un hervidero de sentimientos. Pero conseguirlo no es tarea sencilla.

 

El don de la videncia no se aprende.

El don de la videnciaCuando observo a personas que quieren aprender a ser videntes, no puedo por menos que sentir compasión por quienes lo manifiestan y, reconozco que también es inevitable sentir algo de indignación. Demuestran que no tienen idea de lo que significa el don de la videncia.

La clarividencia no se aprende, hay que nacer con ella. Sí es cierto que podemos aprender a leer el tarot, o las cartas, o las runas, u otras técnicas de adivinación, pero si no poseemos el don, la lectura será siempre incompleta porque los mensajes solo cobran sentido y adquieren su máximo significado gracias a la intuición especial de la vidente.

Tengamos en cuenta que los resultados de una tirada de cartas, o de arrojar las runas, o de ver los pozos del café, por ejemplo, hay que interpretarlos de acuerdo al contexto específico del consultante.  Lo que es blanco para tí, para mí puede ser negro o gris. No hay dos significados iguales pese a que sean las mismas cartas las que salgan cuando consultamos el tarot.

 

Una intuición natural que puede estimularse

El don de la videnciaPodría decirse que casi todos nacemos con una intuición que podríamos llegar a desarrollar si la ponemos en práctica. Pero no todas las personas valen para ello. En unas se nos estimula naturalmente, como mi caso, ya que soy vidente natural  y, sin hacer nada, tengo facilidad para introducirme en la mente y el alma de las personas. Tampoco voy a negar la posibilidad de que a través de la realización de ciertos ejercicios, haya personas que tengan esa habilidad y logren despertarla a lo largo de su vida, y ponerla en funcionamiento con un entrenamiento previo. Pero no en todos los casos funciona. Si no se tienen dotes de percepción, si no se tiene el don de la videncia no se puede ser vidente. Hacer un curso de cartomancia no te convierte en vidente.

 

Desde mi punto de vista, y en mi experiencia como vidente verdadera, puedo afirmar que el vidente no necesariamente tiene que nacer como tal, pero sí debe tener dentro de sí la semilla que le permitirá profundizar en el psiquismo de las personas y ver más allá de lo evidente. En videncia natural no se necesitan cartas ni otros medios para la adivinación. Las imágenes y visiones vienen de manera natural e intuitiva y determinan el don de la videncia.

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